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La Ilusión... hasta ella nos la han robado los políticos

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18102014

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La Ilusión... hasta ella nos la han robado los políticos




La Ilusión

La ilusión es para el espíritu, lo que los sanos alimentos y el agua son para el cuerpo, de ahí que un hombre (o mujer) sin ilusiones sea, “un cuerpo ya muerto”.
Sin ilusiones no es posible la vida, al menos la vida positiva y dinámica que caracteriza al ser humano y que lo diferencia del resto de los seres vivos que habitan la Tierra. Sin ilusión “hasta desaparece de la mente el pasado, el presente y, por descontado no se vislumbra ningún futuro”.
Nada positivo se ha hecho nunca en el mundo sin esa ilusión, la que como fuerza multiplicadora impulsa al individuo hacia metas ni soñadas por él mismo, antes de recibir ese... “efluvio que debe nacer en el seno de los dioses”.
Por todo ello, grandes son los hombres y mujeres que saben insuflar, o mejor aún inculcar ilusión positiva en sus semejantes; pues ellos son los grandes Maestros en los diez mil caminos de la vida, para que ésta sea mucho más llevadera por el género humano.
Y no creamos y pensemos que este don está reservado sólo a los hombres que la sociedad considera “grandes”, puesto que aun siéndolo, no es exclusiva de ellos esa maestría. El Maestro (y adrede lo pongo con mayúscula) surge en cualquier “rincón”, donde exista una pequeña “tribu o agrupación humana”, y en ella ejercerá aún sin proponérselo esa Maestría de vida en la que los demás podrán beber, si así lo quieren. Lo que ocurre es que suele no verse lo que es positivo, por cuanto lo negativo, “es más fácil y brilla y atrae mucho más”, para desgracia del que se deja influir por, “las luces de bengala y las plumas del pavo real”.
Hechas estas reflexiones y situándome en esta época “riquísima” en la que me ha tocado vivir, yo pienso que todo lo que está ocurriendo en el mundo es por falta de ilusión, por falta de fe en el hombre y el verdadero progreso del mismo. Imbécilmente todo lo que está ocurriendo, es por miedo, por ese miedo y el egoísmo que conlleva este padecimiento, el que como ambición desmedida; “es la planta parásita que está secando todos los verdaderos valores de una Humanidad que se nos muere”, y se nos muere la Humanidad por cuanto le han segado todas sus ilusiones y sólo le han dejado... “el veneno de los mil vicios”.
Por tanto necesitamos verdaderas Escuelas de Hombres y Mujeres que sepan captar la Divina Ilusión y que sean igualmente portadores de esa correa de transmisión que les haga transmitir ese sentimiento imprescindible al resto de los hombres.
¿Qué hombres y mujeres nos están formando las otras escuelas, cuyos intereses son netamente partidistas y elitistas, en el sentido de crear una élite “privada” y al sólo servicio de los intereses particulares del grupo?
Son algunas de las preguntas que hay que lanzar al viento y que “el eco” las difunda por el ancho mundo... puede que ese eco lo recojan Hombres y Mujeres verdaderamente dignos de denominarse con esas grandes palabras (HOMBRE-MUJER) y que ese murmullo se convierta en el clamor que necesitamos para que los valores positivos sean los que se impongan; y no precisamente sean impuestos por la fuerza, sino por la razón y el inteligente discernimiento que debe caracterizar al ser que ya está en un buen grado de cultivo y madurez humana.
Por tanto, todo aquel que tenga “una micra de esta buena semilla”, debe empezar a ejercer de Maestro, y debe empezar ya a transmitir el máximo grado de ilusión del que él mismo sea portador; pues curiosa y afortunadamente, la ilusión se transmite y al propio tiempo enriquece al que la posee por cuanto éste “da y recibe” al mismo tiempo, algo que él mismo necesita para su propio y verdadero enriquecimiento.
Debemos reírnos de “los modernos cuervos y aves necrófagas” que asolan el mundo con sus absurdos y tétricos “graznidos”, debemos inculcar a todo aquel que quiera oírnos... la idea de que no, que el mundo no va a consumirse en el propio “fuego” que se ha creado encima de su propia corteza terrestre; lo mismo que tampoco se ha consumido “por las propias fuerzas telúricas que emanan de la Madre Tierra y de su magma incandescente, el que celosamente guarda en su seno y del que nos da pruebas cuando revienta un volcán o surge la indomable fuerza de un terremoto”. “El hombre y afortunadamente... es menos poderoso”.
Debemos rebelarnos contra “los diez mil absurdos que nos rodean” y buscar sin violencia los verdaderos valores que nos son verdaderamente necesarios. Hay que tratar de ser o aproximarse al menos, al filósofo... “Hay que pensar y analizar mucho más el barril del sabio Diógenes que el Imperio de su coetáneo Alejandro”, sin caer en extremos que nos encastillen, en muros sin retorno.
Hay que volver a practicar la amplia y sana sonrisa y dejar el rictus cuasi paralizante de la crispación que hoy invade la Tierra.
Hay que procurar disfrutar de las cosas verdaderamente sanas y que tenemos a nuestro alcance y “olvidar” las que no podemos obtener, o las que pudiendo acceder a ellas nos perjudican más que nos benefician... ¡¡Hay que volver a vivir con ilusión!!
Hay que saber renunciar a “los diez mil juguetes que se nos han impuesto y que no sirven absolutamente para nada, salvo para crearnos falsas necesidades-vicios y las angustias consiguientes al no poder “disfrutar” lo que psicológicamente se nos ha colocado en la mente”.
Hay que procurar “girar al ritmo que lo hace nuestra propia Madre Naturaleza”, la que por mucho que la forcemos nunca acelerará “las vueltas del eje de la Tierra, ni las que ésta da alrededor del Sol”.
Debemos, por tanto, adecuarnos “a la gravitación natural” y dejarnos del absurdo y pernicioso aceleramiento en que nos han sumergido “los dioses modernos”. Hay que trabajar –desde luego que sí-, pero no hacerlo de la forma esclavizante actual, donde el hombre (que tiene luz eléctrica las veinticuatro horas) es capaz de trabajar por causas absurdas, hasta que cae casi desfallecido; e incluso entonces, en vez de caer en el lecho buscando el sedante descanso natural, imbécilmente toma estimulantes y drogas “legales” para mantenerse despierto y en acción... “Hasta los animales se reirían de nosotros si supieran y pudieran hacerlo”.
Hay que trabajar, sí, pero racionalmente y produciendo aquellos artículos o valores que nos son precisos y necesarios, material y espiritualmente; de ahí que el trabajo deba ser equilibrado con un “ocio constructivo” y verdadero “segundo trabajo”, puesto que el ocio debe ser el trabajo del espíritu y dedicado a la verdadera formación intelectual y espiritual que mejore al hombre y su entorno.
Hay que trabajar y tratar de hacerlo en aquello que a uno le agrade, se gane más o se gane menos... si se consigue lo suficiente para vivir, ya es bastante, puesto que haciendo ese tipo de trabajo, el mejor sueldo será siempre la ilusión que se pone en el mismo y la que se recibe y acrecienta en dicha realización. Seguro que en ese camino se progresa y se perfecciona el hombre mucho más que en el trabajo mecánico para ganar más; pues inteligentemente el hombre debe aprovechar el medio digna y noblemente y no lo contrario, que es lo que está ocurriendo... que es el medio el que esclaviza al hombre, muchas veces sin que éste lo note y sin darse cuenta de la marioneta en que ha sido convertido.
Por todo lo dicho y en lo tocante al dinero (“sublime palabra”) es el dinero el que tiene que servir al hombre y no el hombre al dinero, puesto que en el primero de los casos se da lugar para que el dinero sea vehículo de satisfacciones y felicidades y en el segundo, provoca frustraciones y desgracias inimaginables, puesto que nunca la cantidad guarda realmente relación con el apetito del ambicioso el que pasa a ser esclavo del dinero. En definitiva... “el dinero debe ser un medio... nunca un fin”.
Analicemos todo cuanto nos rodea, hagámoslo sin prisa, pero sin pausa, busquemos lo que de aprovechable exista y desechemos sin reparo lo inservible... encontraremos LA ILUSIÓN VERDADERA y comenzaremos a reandar el camino en una senda mucho más positiva, mucho más bonita y placentera, más pacífica, más creadora y en definitiva... MUCHO MÁS HUMANA.
Pienso sinceramente que es posible y sin mucho esfuerzo, sólo se necesita... “Romper algunas pequeñas ligaduras que no van a conmocionar al mundo ni a la sociedad, si de verdad sabemos hacerlo con inteligencia, fe... y, como no... con ILUSIÓN”. (Escrito a principios de la década de los ochenta del pasado siglo e incluido en mi libro, “España aquí y ahora”).


Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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Antonio García Fuentes
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