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ANTES Y DESPUÉS DE LAS LENTEJAS BÍBLICAS Hoy que nos inundan de platos nuevos o novísimos y donde generalmente abundan las “chuminadas culinarias” y el “ni chicha ni limoná”; yo canto a la lenteja. La Biblia dice que cuando los muchachos estaban crecien

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29092015

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ANTES Y DESPUÉS DE LAS LENTEJAS BÍBLICAS Hoy que nos inundan de platos nuevos o novísimos y donde generalmente abundan las “chuminadas culinarias” y el “ni chicha ni limoná”; yo canto a la lenteja. La Biblia dice que cuando los muchachos estaban crecien




ANTES Y DESPUÉS DE LAS LENTEJAS BÍBLICAS

Hoy que nos inundan de platos nuevos o novísimos y donde generalmente abundan las “chuminadas culinarias” y el “ni chicha ni limoná”; yo canto a la lenteja.
La Biblia dice que cuando los muchachos estaban creciendo, Esaú, el cazador, un día vino hambriento, y le pidió a su hermano Jacob el plato de lentejas que estaba comiendo. Jacob, por consejo de su madre, le pidió que le vendiera la primogenitura como hijo mayor, a cambio del alimento. Esaú, viendo que este derecho era inservible para él si llegaba a morir, accedió, y así, en palabras bíblicas "despreció su primogenitura".
Este derecho no sólo incluía el tradicional rito bíblico de los primogénitos, el cual garantizaba un rango superior en la familia (Génesis 49:3), sino también, una doble porción de la herencia paternal (Deuteronomio 21:17).]
Lo de Abel y Caín es más “normal”, es simplemente una cuestión de “envidia” esa característica humana que nos diferencia de los animales, para mal, claro.
Creo que Abel tenía ganados con corderos lustrosos y gozaba de la vida apacentando sus rebaños, mientras que Caín se dedicaría, según cuentan, a la agricultura y la cosa no le iba tan bien como a su hermano que además se llevaba las preferencias del padre Adán. No es de extrañar que un día cualquiera en que las ovejas y cabras de Abel se metieran en el sembrado de Caín, éste agarrara la quijada de un burro (o lo que tuviera más a mano) y se quitara de en medio al hermano “perfecto”.
La lenteja es sin duda un alimento íntimamente ligado con nuestras raíces culturales y aparece en muchos cuentos y cuentecillos, así como en historias sesudas, entre las que destaca la del filósofo griego Diógenes:
“Un día estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas. En ese momento llegó Aristipo, otro filósofo que vivía con lujo adulando al rey Alejandro Magno y le dijo: Mira, si fueras sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas
Diógenes le contestó:
Si tú hubieras aprendido a comer lentejas, no tendrías que degradarte adulando al rey”.

Sabido es el dicho popular que afirma: “Esto son lentejas… las tomas o las dejas”; o sea es la metáfora del ultimátum o final de discusión, donde se llega al punto final de aceptación o ruptura, puesto que se da por acabada la disputa.
Lo que parece ser es que la lenteja era un bien precioso para los pueblos mesopotámicos (Se han encontrado restos arqueológicos de más de diez mil años de antigüedad) y también para los judíos, de ahí que se nombren tantas veces en sus libros sagrados; libros que en realidad fueron copiados de los babilonios, los que poseían “una biblia” similar a la que luego pasó a los judíos y de estos a los cristianos y mahometanos (que en realidad aceptan todos los libros sagrados hasta Jesús de Nazaret) puesto que todos ellos al final reconocen igual origen, o sea “el del padre Abraham”; por lo que viendo o analizando ello, no es explicable “las luchas entre ellos e incluso intestinas que hoy mantienen los musulmanes entre sus dos ramas principales”; pero ya se sabe lo que ocurre cuando la religión “agarra la más terrible enfermedade cual es el fanatismo” y a la historia me remito y a las grandes masacres y todo tipo de latrocinios que se han realizado y aún se siguen realizando… “en el nombre de un Dios, que en realidad es más imaginado que conocido”; pero en fin, “son cosas del mal denominado homo sapiens-sapiens”: por ello volvamos a las lentejas.
Lentejas que a mí me gustan desde siempre, “con hollejo o sin hollejo, enteras o pasadas por el pasapurés y con cuscurroncitos de pan frito en aceite de aceituna”; en los diferentes guisos que en mi tierra se hacen con ellas, con chorizo o sin chorizo, con morcilla, con panecillos de huevo pan rallado, azafrán y perejil, con arroz, con zanahorias, con patatas; sin faltarle nunca una cabeza o más de ajos, que hirvieran dentro del guiso, con su piel y sin pelar estos, puesto que luego esos ajos (sin piel ya) también es un bocado exquisito, mezclado con una cucharada de la leguminosa; también incluso como plato frío en forma de ensalada con el oportuno añadido de las verduras que le van; ya que resulta un plato agradable de tomar, de buen sabor, de alimento sano, por el hierro que contiene y en fin, por cuanto es “uno de los granos”, que el hombre encontró en su estado salvaje, lo pudo domesticar y transformar en el buen alimento que es. Agrada comerlas con aceitunas de diferentes formas aliñadas, variantes en vinagre, cascos de cebolla dulce y cruda, etc. Incluso con pan, del que se comía bastante en aquellos tiempos de “hambres y carestías” tantas veces sufridos en España.
Además y como tantos otros granos, se puede conservar largo tiempo, si bien hay que hacerlo sabiéndolo hacer, puesto que si no se sabe, pueden “criar” gorgojos, y entonces adiós lentejas, o si las guisas puedes terminar comiendo… “lentejas con carne… de ese insecto denominado gorgojo”. También y para guisarlas y cuando se comían las que se recolectaban en la propia tierra, recuerdo desde niño, que nos ponían “a limpiar lentejas”; o sea poner un montoncito en el centro del hule de la mesa de comer y toda la familia alrededor, ir tomando pequeñas porciones para quitarles algunas piedrecitas, granzas y otros añadidos y de paso asegurarse que no tenían “ni un gorgojo”; de inmediato las que nos comeríamos al día siguiente, echarlas en agua (como los garbanzos) y a esperar al siguiente día, su largo cocimiento en el puchero, generalmente de barro y a comer lentejas “solas o con lo que hubiese para hacerlas más apetitosas”.
Curiosamente y aunque hay otros países grandes productores, los datos consultados me dicen que hoy es Canadá la primera productora. La lenteja es oriunda de los desiertos del medio oriente asiático y por tanto no americana en su nacimiento.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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Antonio García Fuentes
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