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El “Río de la vida” Así es o así lo imagino yo, puesto que al nacer algo nos coloca en una especie de corriente de energía a la que yo denomino “río” y en ella y sobre ella, se va a desarrollar lo que será nuestra vida individual; vida que inexorablement

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16052018

Mensaje 

El “Río de la vida” Así es o así lo imagino yo, puesto que al nacer algo nos coloca en una especie de corriente de energía a la que yo denomino “río” y en ella y sobre ella, se va a desarrollar lo que será nuestra vida individual; vida que inexorablement




El “Río de la vida”

Así es o así lo imagino yo, puesto que al nacer algo nos coloca en una especie de corriente de energía a la que yo denomino “río” y en ella y sobre ella, se va a desarrollar lo que será nuestra vida individual; vida que inexorablemente va a permanecer en esa corriente y sometida a su influencia toda ella pero en la que existe una flexibilidad que permite al yo individual desarrollarse hasta muchas veces límites insospechados.
Esa es la libertad con la que contaremos y de la que no nos podremos evadir salvo que la fuerza que nos concede “ese camino” así lo permita; por tanto no olvidemos nunca que no vamos en ella, sino que nos llevan en la misma.
No somos en mayoría conscientes de ello, puesto que en realidad no llegamos a saber el momento exacto en que fuimos depositados en dicha corriente, como tampoco llegaremos a saber la duración del tiempo en la misma y cuándo o en qué momento nos obligarán a dejarla para que continuemos en vete a saber que otro camino, puesto que y como ya aseguraba Pitágoras, la muerte no es un final sino sólo un tránsito; es por lo que no hay que tener miedo a la misma.

Ese insólito viaje a través de esa senda, será largo y provechoso, si bien no lo que debiera serlo y por cuanto el ser humano, que somos una especie de “aprendices siempre en tránsito continuo”, no aprovecharemos en gran medida, la escuela tan variada en la que nos obligarán a entrar en tiempos o momentos ya fijados para que nuestro propio ser o yo individual, aprenda nuevas cosas que necesita.
Así y en ese generalmente largo tiempo, “viajaremos en vehículos reales o imaginarios, que unas veces resultarán como góndolas de recreo, las que suavemente nos pasearán sobre mares tranquilos y cielos dichosos; pero que en otras ocasiones serán como naves rudas y broncas, que nos obligarán a navegar en aguas revueltas y llenas de peligros, donde sobreviviremos dejando en ellas las cicatrices del alma y que son las verdaderas experiencias que enriquecen al ser, con riquezas intangibles pero reales que dotan al ser humano, de esas seguridades que otros carecen al no haberlas experimentado”.
La vida por tanto es un misterio insondable y lleno de miedos, que al irlos superando a lo largo del citado cauce, nos va curando de deseos, hasta que debe llegar un momento en que cubiertos todos ellos, ya sólo nos atraerá el salir por fin de ese camino que generalmente siempre fue más amargo que dulce y del que pensamos seremos trasladados a otros más acordes, con ese amor predicado en este planeta o plano sideral y de cuyo significado en realidad no sabemos nada; de ahí todas las angustias padecidas en la mayor parte del tiempo de ese hipotético pero real viaje, cual es la etapa de vida humana que aquí venimos a padecer más que a disfrutar.
Y como en lo que a mí respecta, llegados a los ochenta años, que cumpliré posiblemente el próximo agosto, habré vivido veintinueve mil doscientos veinte días, incluidos los bisiestos que corresponden a los ochenta años y que son una cifra muy respetable, por lo que de experiencias representan para mí y los achaques que ya soporto, entre los que figura muy destacado la falta del sueño nocturno, que sin embargo me ataca a plena luz del día y cada vez más; dejándome en un estado de agotamiento o de desplome físico que va llegando a preocuparme grandemente.
Y es por lo que esta noche de insomnio meditando como tantas veces a lo largo de mi vida, sobre la vida propia y ajena, he decidido escribir este relato que como un obsequio ofrezco a mis lectores, por si les fuera de utilidad; de momento a mí sí que me ha sido útil para por enésima vez, convencerme de que “no sé nada de nada”; pero que cada vez temo menos a la muerte, sí a la forma de recibirla y espero por tanto no estar aquí ya mucho tiempo en este cada vez más incómodo anden, donde me recogerá el último tren de la vida y que espero me lleve a un lugar donde de verdad exista esa paz y concordia que aquí nunca vi y menos disfruté.
Cordialmente les saluda, “un viajero más de la incomprensible vida humana”, en un planeta al que denominan, Tierra.


Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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