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Mis relaciones y recuerdos con Cataluña Pasaron muchos años ya, eran épocas de “la gran miseria” que fue la pos guerra civil española, “reinaba Franco en todo su esplendor”; no hacía mucho tiempo en que aún nos alimentábamos en España, mediante aquellas

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18062018

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Mis relaciones y recuerdos con Cataluña Pasaron muchos años ya, eran épocas de “la gran miseria” que fue la pos guerra civil española, “reinaba Franco en todo su esplendor”; no hacía mucho tiempo en que aún nos alimentábamos en España, mediante aquellas




Mis relaciones y recuerdos con Cataluña

Pasaron muchos años ya, eran épocas de “la gran miseria” que fue la pos guerra civil española, “reinaba Franco en todo su esplendor”; no hacía mucho tiempo en que aún nos alimentábamos en España, mediante aquellas cartillas de racionamiento, que nos racionaron hasta el pan de cada día; y aquella mañana del año 1955, entraba en aquella modesta “droguería familiar”, un viajante de “pinturas y colorantes”; se llamaba Nicolás Pérez-Ojel Jaramillo, era ya mayor y entraba en la vejez más curtido que la mojama; era seco y alto como un palo. Hombre nacido en Granada, pero “con más mili que un soldado romano”, tenía sobre su ser, “más pasadas que el violín de Mozart” y era por tanto uno de aquellos miles y miles de “buscadores de vida”, que fuera de la política franquista, se buscaban la vida en aquellos oficios de vendedores de múltiples mercancías y servicios, que pulularon por toda España. Aquel hombre “entraría en mi vida” de forma en que influiría en mí muy positivamente, por cuanto aprendí a su lado viajando junto a él; murió “con las botas puestas”, o sea en carretera y en accidente automovilista; dejó ésta en “los Montes de Málaga”, siendo aquella una muerte “heroica” para los que “de la carretera vivimos e hicimos fortuna incluso para llegar a la vejez sin problemas económicos”; que fuimos muchos en aquella España, la que pese al partido único que dominaba todo, “fuera del mismo había infinitos caminos para progresar en la vida, cosa que hoy no existen”; y esto es largo de contar, por lo que no me extiendo en lo que necesitaría varios libros para contarlo.
Aquella droguería hacía tres años que la abrieron al público, el que fuera mi padrastro y el que con la ayuda de mi madre y yo, ya joven bien fornido y “mozo para todo”, empezó su “dura odisea” hasta llegar a destacar entre todas las que había en la ciudad mucho después. En ella aquel “viajante”, hizo su labor de venta y vendió un buen pedido a “aquellos drogueros”; pero como testigo e interesado en aquello, yo intuí, que, “algo traía aquel hombre destinado a mí y un impulso salido del yo interior me excitó”, para emprender lo que sería mi nuevo y definitivo futuro, el de representante de comercio, cosa que me atraía ya hacía tiempo. Por ello y tras la labor de venta efectuada por aquel hombre, y enterados que la fábrica catalana que aquel hombre representaba, el que la misma no tenía representante en Jaén y provincia, pedí a mi padrastro que solicitara el puesto para mí y satisfactoriamente, aquel hombre “vio ; ello interesante y aceptó”; poco tiempo antes ya había obtenido de forma similar, la representación de una fábrica de crema para zapatos y ceras para el piso, radicada en Madrid y cuya marca era y sigue siendo “Alex”; a la que recuerdo que en seis meses de ardua labor, sólo le obtuve 242 pesetas; “o sea los duros principios de cualquier camino”. Luego hay una larga historia de treinta años de trabajos y aventuras felizmente llenos de éxitos económicos y sociales, todos, “ganados a pulso y sin tener que estar ante un juez nunca”.
En tan largo período entra “el tiempo que me robó el Ejército de España”, al tenerme “movilizado en Melilla”, desde marzo de 1960 hasta agosto de 1961 y del que algo conté en mi novela “1939-1963 25 años de lucha en España”.

Es en Melilla donde conozco al primer catalán con el que compartí amistad: fue el leridano Alberto Vidal Font, el que por casualidad entró a formar parte del pelotón de entrenamiento que compartimos en aquel “desierto almeriense de Viator” donde nos conocimos. Catalán con el que me honro aún hoy de seguir compartiendo amistad pese a la distancia en años y kilómetros que nos separan. En aquellos largos seis lustros de “oficio”, he conocido a otros muchos catalanes, empresarios o trabajadores y en general guardo de todas estas relaciones, gratos recuerdos de convivencia humana y profesional, en general fueron todos “gente buena”.
Hubo incluso un empresario, D. Ricardo Palau Más, el que en mi primera visita a Barcelona, espontáneamente me ofreció ayuda financiera para comprarme mi primer automóvil, visto ello en relación a como defendía sus intereses en la zona confiada a mí; cosa que no acepté por cuanto no lo necesitaba. Y así podía seguir contando cosas buenas de mis relaciones y estancias en Cataluña. En una de dichas estancias y llevándome un industrial catalán a la obligada visita de “La Sagrada Familia”, maravillado con aquella obra, entonces muy atrasada (era 1961) de la que en mi poder tenía una postal en colores ya (1930) y de los pocos “recuerdos” de mi padre, y encontrándome en la habitación anexa a la obra y donde existía “un buzón con la petición de donaciones para la obra” (los catalanes nunca pierden el tiempo sobre “la pela”) eché mano a mi cartera, pues maravillado con la obra y su autor, deposité un billete de cien pesetas en aquella ranura; por lo que siento hoy la satisfacción de que “un par de jornales de albañilería peonal”, los costeó quién hoy escribe de aquella hoy maravilla y que recibe millones de visitantes; muchísimos de los cuales igualmente donamos dinero para ella, por lo que sencillamente, la obra ha sido costeada por infinidad de admiradores de la misma, así es que la obra no es catalana solamente.
Por todas estas “cosas” y que con la imaginación traslado al resto de España, no entiendo ni entenderé nunca, “ese veneno separatista que como ocurre en la cobra real, está siempre en el seno de los miserables, para escupirlo y matar los buenos sentimientos que deben imperar entre seres humanos llamados a entenderse”; vaya pues desde aquí mi mayor desprecio, para esos bichos independentistas, que para mí no son sino parásitos que lo que quieren es de nuevo, hacer feudal a Cataluña y apropiársela para su disfrute como eso mismo, o sea como los antiguos señores feudales con derecho incluso a la pernada y de que nos habla la historia.
Y es más; y lo reitero por cuanto hace mucho lo tengo escrito: “Si alguna vez hay paz en esta mier** de mundo, será cuando en el mismo, exista, sólo un idioma, una bandera, un ejército, un gobierno y la buena voluntad de convivencia de todos en paz y justicia, hoy tan ausente de aquí como nos dice la realidad que vivimos.


Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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