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Uso y abuso de la Historia
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25022011
Uso y abuso de la Historia
En los últimos siete años es fácil advertir el esfuerzo de algunos por reescribir, a su gusto y paladar, algunas páginas de nuestra historia. Los constantes ataques contra Julio A. Roca son un ejemplo de esto. La parcialidad en la descripción de lo efectivamente sucedido en la tragedia argentina de los años 70, otro.
Ocurre que, como sostiene la historiadora canadiense Margaret MacMillan, "la historia puede ser útil, pero también peligrosa. Por ello es sabio mirarla no como una pila de hojas muertas o como una colección de cosas polvorientas, sino como una pileta, a veces benigna y otras veces sulfurosa, que yace bajo el presente estructurando silenciosamente nuestras instituciones, nuestras formas de pensar y nuestros gustos y disgustos".
Pese a que normalmente tendemos a mirar más hacia el futuro que hacia el pasado, la historia puede ser usada de muchas maneras. Incluso para justificar el presente. Algunos líderes políticos suelen recurrir a la historia para definir y fortalecer sus propias visiones y personalidades. Así, Stalin, en su ansia por fortalecer su propia dimensión, solía compararse con Iván el Terrible y con Pedro el Grande. Saddam Hussein se veía -a la vez- parecido a Stalin y a Saladino. El último s ha de Irán creía tener alguna identidad con Ciro y Darío. Y hasta Mao llegó a establecer sus propios paralelos con el emperador Qin, aquel que unificara a China doscientos años antes de Cristo. Entre nosotros, los esfuerzos de algunos por tratar de mimetizarse con los líderes populistas del pasado reciente son constantes y, a veces, hasta casi ridículos.
Los políticos autoritarios, que no obstante saben bien cuál es la verdad, suelen recurrir a la deformación tendenciosa de la historia para tratar de justificar sus conductas. Lo hizo Robespierre en tiempos de la Revolución Francesa. También Pol Pot, en la martirizada Camboya, en los 70. Y el mencionado emperador Qin, de China, que llegó a ordenar la destrucción de todos los documentos históricos y decidió enterrar a los historiadores que pudieran recordarlos, antes de escribir su propia "historia oficial". Luego, ya en tiempos del colectivismo, vendría la tremenda Revolución Cultural de los Guardias Rojos, que imitó ese duro proceder. La mágica Ciudad Prohibida, en Pekín, se salvó de la destrucción porque Chou En Lai, a último momento, decidió protegerla. Hoy, las más altas autoridades chinas reciben allí -entre muros milenarios- a sus visitantes más importantes con un protocolo que, con frecuencia, adquiere perfiles cuasi imperiales.
Las deformaciones caprichosas de la historia son condenables, porque nadie es dueño de la historia, que a todos nos pertenece. Por esto, no debe deformarse la "memoria colectiva" que tan bien definiera Maurice Halbwachs reemplazándola por una "memoria selectiva", tramposa. Ni puede entonces aprobarse la distorsión, deconstrucción o falsificación consciente de la verdad.
Las opiniones distintas son siempre legítimas. Pero el ocultamiento o falsificación de hechos o verdades no lo es. Cuando los ideólogos manipulan la historia, sus páginas parecen transformarse en profecías con las que, con frecuencia, se alimentan resentimientos, conflictos y enfrentamientos, en lugar de impulsar la reconciliación y la unión de una nación.
Como la historia es, en rigor, siempre un proceso, contiene lecciones y sugiere opciones. Los esfuerzos por extraer de ella respuestas únicas y definitivas, aptas para ser utilizadas en cualquier momento o circunstancia, suelen equivocarse. Porque todo tiene matices y evoluciona; las sociedades, también.
Aquello de que "la verdad padece, pero no perece" no debe olvidarse nunca. Más allá de las circunstancias temporales. Nadie es dueño único del pasado, todos lo somos. Por esto, precisamente, es que no existe el derecho a deformarlo o adulterarlo.
Es cierto, hay veces en las que, de pronto, conocer la verdad histórica puede tener consecuencias duras y hasta imprevisibles. La Unión Soviética no pudo ciertamente sobrevivir a las revelaciones de su triste pasado estalinista cuando Mikhail Gorbachov las pusiera en evidencia como resultado, quizá no querido, de su glasnot . El peso de todo lo que significó el Gulag y la revelación de los vergonzosos acuerdos de Stalin con Hitler, así como la confirmación del asesinato de miles de oficiales polacos en 1939, fueron imposibles de digerir por parte de una sociedad que debió cambiar de rumbo.
Los tiempos de la historia suelen tener una cadencia propia. Tratar de alterarlos es una audacia que no siempre funciona.
Emillio J. Cárdenas
© La Nacion
El autor fue embajador argentino ante las Naciones Unidas
Ocurre que, como sostiene la historiadora canadiense Margaret MacMillan, "la historia puede ser útil, pero también peligrosa. Por ello es sabio mirarla no como una pila de hojas muertas o como una colección de cosas polvorientas, sino como una pileta, a veces benigna y otras veces sulfurosa, que yace bajo el presente estructurando silenciosamente nuestras instituciones, nuestras formas de pensar y nuestros gustos y disgustos".
Pese a que normalmente tendemos a mirar más hacia el futuro que hacia el pasado, la historia puede ser usada de muchas maneras. Incluso para justificar el presente. Algunos líderes políticos suelen recurrir a la historia para definir y fortalecer sus propias visiones y personalidades. Así, Stalin, en su ansia por fortalecer su propia dimensión, solía compararse con Iván el Terrible y con Pedro el Grande. Saddam Hussein se veía -a la vez- parecido a Stalin y a Saladino. El último s ha de Irán creía tener alguna identidad con Ciro y Darío. Y hasta Mao llegó a establecer sus propios paralelos con el emperador Qin, aquel que unificara a China doscientos años antes de Cristo. Entre nosotros, los esfuerzos de algunos por tratar de mimetizarse con los líderes populistas del pasado reciente son constantes y, a veces, hasta casi ridículos.
Los políticos autoritarios, que no obstante saben bien cuál es la verdad, suelen recurrir a la deformación tendenciosa de la historia para tratar de justificar sus conductas. Lo hizo Robespierre en tiempos de la Revolución Francesa. También Pol Pot, en la martirizada Camboya, en los 70. Y el mencionado emperador Qin, de China, que llegó a ordenar la destrucción de todos los documentos históricos y decidió enterrar a los historiadores que pudieran recordarlos, antes de escribir su propia "historia oficial". Luego, ya en tiempos del colectivismo, vendría la tremenda Revolución Cultural de los Guardias Rojos, que imitó ese duro proceder. La mágica Ciudad Prohibida, en Pekín, se salvó de la destrucción porque Chou En Lai, a último momento, decidió protegerla. Hoy, las más altas autoridades chinas reciben allí -entre muros milenarios- a sus visitantes más importantes con un protocolo que, con frecuencia, adquiere perfiles cuasi imperiales.
Las deformaciones caprichosas de la historia son condenables, porque nadie es dueño de la historia, que a todos nos pertenece. Por esto, no debe deformarse la "memoria colectiva" que tan bien definiera Maurice Halbwachs reemplazándola por una "memoria selectiva", tramposa. Ni puede entonces aprobarse la distorsión, deconstrucción o falsificación consciente de la verdad.
Las opiniones distintas son siempre legítimas. Pero el ocultamiento o falsificación de hechos o verdades no lo es. Cuando los ideólogos manipulan la historia, sus páginas parecen transformarse en profecías con las que, con frecuencia, se alimentan resentimientos, conflictos y enfrentamientos, en lugar de impulsar la reconciliación y la unión de una nación.
Como la historia es, en rigor, siempre un proceso, contiene lecciones y sugiere opciones. Los esfuerzos por extraer de ella respuestas únicas y definitivas, aptas para ser utilizadas en cualquier momento o circunstancia, suelen equivocarse. Porque todo tiene matices y evoluciona; las sociedades, también.
Aquello de que "la verdad padece, pero no perece" no debe olvidarse nunca. Más allá de las circunstancias temporales. Nadie es dueño único del pasado, todos lo somos. Por esto, precisamente, es que no existe el derecho a deformarlo o adulterarlo.
Es cierto, hay veces en las que, de pronto, conocer la verdad histórica puede tener consecuencias duras y hasta imprevisibles. La Unión Soviética no pudo ciertamente sobrevivir a las revelaciones de su triste pasado estalinista cuando Mikhail Gorbachov las pusiera en evidencia como resultado, quizá no querido, de su glasnot . El peso de todo lo que significó el Gulag y la revelación de los vergonzosos acuerdos de Stalin con Hitler, así como la confirmación del asesinato de miles de oficiales polacos en 1939, fueron imposibles de digerir por parte de una sociedad que debió cambiar de rumbo.
Los tiempos de la historia suelen tener una cadencia propia. Tratar de alterarlos es una audacia que no siempre funciona.
Emillio J. Cárdenas
© La Nacion
El autor fue embajador argentino ante las Naciones Unidas

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Uso y abuso de la Historia :: Comentarios
Hace ya muchos años, una coleccion de libros que forma parte de mi querida biblioteca y que me costo unos cuantos duros, porque el saber no ocupa lugar.....lo cual como decia Eistein, es bastante relativo, porque si uno atesora sus legajos de saber, no hay estanteria que aguante, pero volviento al hilo del posteo decia, esa hermosa coleccion de "La cronica Argentina" de Perez Amuchastegui, decia y aseguraba que el remanido juicio de la historia, es totalmente falso, lo que existe es el "juicio del historiador, desde la orbita politica que lo este mirando, con lo cual el mismo hecho sea comentado por ejemplo, por el biografo de Alfredo Astis, tendra un perfil totalmente diferente al biografo de Mario Firmenich......lo que queda en el medio son las vivencias de todos aquellos que en algun momento de esa historia fuinos actores de reparto, y tendremos justamente las vivencias del libreto que nos toco escribir, Yo lo fui, y si el termino cabe fui en aras de la iconografia actual un represor, porque en mi juventud decidi, aun en contra de mis progenitores, vestir el uniforme azul de la Policia Federal Argentina, con todos los riesgos que esto implicaba y mas cuando contemporaneos mis se movian dentro de la gloriosa (?) JP, cuando no dentro de Montoneros.
Yo tengo mi parcial vision de esa historia, de la que yo vivi, de la compañeros caido en cumplimiento del deber, en la que el general del pueblo , era un infame traidor, y un tirano, en mi memoria esta viva la portada del diario La Prensa, cuando el 1ro. de Julio de 1974,. publico con titulos de catastrofe HA MUERTO EL TIRANO, en mi memoria esta grabada a fuego cuañdo los "luchadores de la libertad", hacian gala que ellos hacian una guerra revolucionaria y debian ser tratados como cualquier milicia......parece que muchos hoy se han olvidado de esto, pero claro, yo soy un don nadie, que no tiene ni prensa y espacio politico para decir estas cosas, solamente la caja de resonancia de este foro, donde alguno de sus foristas comparten parte de mi pensamiento.
Para mi forma de ver, y por ser un autodidacta con formación en historia nacional y militar, hay un sino que como cruz rige sobre mi amada Argentina, lo que a sangre y fuego, a dolor y lagrimas, se gana en el campo de batalla, se pierde en el campo de las leyes y la diplomacia.....tal vez sera, porque el brazo ejecutor se mueve en el terreno de la hidalguía y el brazo legal dentro del marco del oportunismo
Nos paso ya un montón de veces, y el resultado siempre fue el mismo, humillados y cada vez con menos territorio, y lo mas triste de todo, es que los que llevaron siempre adelante semejante latrocinio, lo hicieron en nombre del bienestar general.
Yo tengo mi parcial vision de esa historia, de la que yo vivi, de la compañeros caido en cumplimiento del deber, en la que el general del pueblo , era un infame traidor, y un tirano, en mi memoria esta viva la portada del diario La Prensa, cuando el 1ro. de Julio de 1974,. publico con titulos de catastrofe HA MUERTO EL TIRANO, en mi memoria esta grabada a fuego cuañdo los "luchadores de la libertad", hacian gala que ellos hacian una guerra revolucionaria y debian ser tratados como cualquier milicia......parece que muchos hoy se han olvidado de esto, pero claro, yo soy un don nadie, que no tiene ni prensa y espacio politico para decir estas cosas, solamente la caja de resonancia de este foro, donde alguno de sus foristas comparten parte de mi pensamiento.
Para mi forma de ver, y por ser un autodidacta con formación en historia nacional y militar, hay un sino que como cruz rige sobre mi amada Argentina, lo que a sangre y fuego, a dolor y lagrimas, se gana en el campo de batalla, se pierde en el campo de las leyes y la diplomacia.....tal vez sera, porque el brazo ejecutor se mueve en el terreno de la hidalguía y el brazo legal dentro del marco del oportunismo
Nos paso ya un montón de veces, y el resultado siempre fue el mismo, humillados y cada vez con menos territorio, y lo mas triste de todo, es que los que llevaron siempre adelante semejante latrocinio, lo hicieron en nombre del bienestar general.
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