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Este año he recibido al verano… No sé si el año que viene haré igual, “o ya estaré donde ni hay verano ni ninguna otra estación que hoy se

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03072015

Mensaje 

Este año he recibido al verano… No sé si el año que viene haré igual, “o ya estaré donde ni hay verano ni ninguna otra estación que hoy se




Este año he recibido al verano…

No sé si el año que viene haré igual, “o ya estaré donde ni hay verano ni ninguna otra estación que hoy se pueda clasificar”… ya cumpliré “las alcayatas, que era el número 77 según los ciegos españoles que vendían el inicial cupón de la popular lotería de los pobres; aquel primer cupón de la “ONCE” que entonces era la “Organización Nacional de Ciegos Españoles” (que es una de las grandes herencias que nos dejó la tan criticada dictadura de Franco) y que inicialmente se vendía el cupón a diez céntimos y la tira de diez a una peseta; y la que luego llegó a ser la gran potencia social y económica que es hoy; pero que entonces era un modesto sorteo diario (menos domingos) y provincial que tenía lugar todos los días a las diez de la noche. Aquellos vendedores y sobre todo cuando se iba acercando aquella “hora feliz para el que le tocaba el premio”, voceaban con su peculiar lenguaje, a grito pelado; dándole nombres a muchos de los números del sorteo, que entonces creo recordar acababan en el cien y los que denominaban así… ¡Me quedan los “patitos” y va a tocar esta noche!; era el número 22; “las monjitas” que era el 66; “el cólera” (número 85) refiriéndose al 1885, año que fuera terrible por una epidemia de tal y mortífera enfermedad; “la niña bonita”, que era el número 15; y así muchos otros eran denominados en aquella jerga o cantinela diaria, que se “cantaba a viva voz acompañada del genérico grito de “¡Los Iguales para hoy!”; teniendo que devolver los sobrantes aquellos vendedores ambulantes, antes del sorteo, puesto que efectuado este, tenían que recoger los del día siguiente y así cada día o cada noche… eran los duros tiempos de la posguerra civil “que tantas cosas nos enseñó a los que de verdad quisimos aprender de aquellas terribles consecuencias”.
Hoy me encuentro en mi otra vivienda junto al mar, en Torre del Mar, provincia de Málaga; me encuentro sentado bajo la pérgola que hay junto al faro y frente a lo más cerrado de la pequeña bahía “o caleta”, donde el mar con apacible tranquilidad, “lame las hoy cálidas orillas”.

Levantando la mirada hacia el levante, veo en la lejanía la punta donde se encuentra el faro de Torrox; desde donde y por encima de las construcciones humanas, empieza a levantarse una hermosa sierra o sierras, que esta provincia comparte con la limítrofe de Granada; el cielo azul con algunas algodonosas nubes blancas, enmarca todo ello con una belleza serena y maravillosa pese a lo cotidiano de esta estampa aquí en este lugar, que es semi tropical y donde abundan los huertos y campos, en que se dan abundantemente el aguacate, el mango, la chirimoya, la papaya y algunos otros frutos tropicales, amén de infinidad de verduras y hortalizas que aquí se cultivan todo el año… en las alturas de algunas partes de dichas sierras, también se da abundantemente la parra o vid, de cuyas uvas se extraen hoy nuevos vinos y el ya viejo y riquísimo “vino de Málaga”, que tanto gustaba a “la ardiente Catalina la Grande” emperatriz de todas las Rusias; y que se hacía importar dando paso libre a dicho vino en sus territorios para que también pudiera beberlo el que pudiera costearlo, que seguro no eran los numerosísimos siervos que entonces había allí. También hay buena producción de la pasa de la uva “moscatel”, que igualmente es el fruto del que se consigue el citado vino.
Junto a mí en la playa, ya veo con cierta abundancia el turismo que aquí llega y que generalmente es de lo que se denomina clase media o de aún menos poder adquisitivo (“del tipo de quiero y no puedo”) también infinidad de viejos y muy viejos, tanto nativos españoles como procedentes de los fríos países europeos de allende la cordillera de Los Pirineos; y que aquí vienen al calor de este Sol Mediterráneo.
Infinidad de perros que por aquí pasean sus amos, puesto que aquí como ya detecté en el Berlín de hace casi 35 años, “hay ya muchos más perros que niños”; y es que es mucho más barato y menos complicado criar y mantener un perro que un niño; perro que se puede comprar a cualquier edad, cosa que en “lo del parto humano” se pasa el tiempo y la hora fértil y luego pues ya no puede ser de ninguna de las maneras.
He comido junto a mi esposa en el ya acreditado y “viejo” (1987) “Casa Víctor”; donde por 6,50 euros, te sirven en mesa dos platos abundantes pan y postre incluidos; bebida aparte; pero que no te explicas lo económico del precio de estos menús que son variados y muy bien “guisados” y los que terminan con postres similares a estos… “tiramisú, arroz con leche, crema catalana, natillas, helado, etc.”.
Tras una hora y media de siesta (vivo en el mismo complejo donde he comido) me he levantado y tras un aseo de circunstancias, he agarrado “un cigarro puro” (marca Alhambra, 0,44 céntimos de euro, en el estanco) y junto a mi buen y fiel amigo, Aníbal (un Yorkshire de cuatro kilos de peso y que salta de contento) nos hemos venido a ver todo este espectáculo, mientras sentados ambos sobre un rústico banco de largueros de madera con respaldo; y mientras nos da una fresca brisa que viene del “poniente”; enciendo mi diario cigarro (uno al día no hace daño, si además no te tragas el humo) puro, van moviéndose las agujas del reloj y de vez en cuando les echo migajas de pan a mi clientela de “gorriones” que como ya me conocen tan pronto me ven, van viniendo a ver lo que pillan.. Y así va cayendo la tarde y antes que “Helios” baje al punto cero del horizonte, Aníbal y yo marchamos para la casa, para ver un rato “lo que quieren contarnos en la televisión” (generalmente más abundante en lo malo que en lo bueno que hace siempre el bicho humano, en especial el que se dedica a eso que dicen es hoy la política) y cuando las estrellas empiezan a brillar en el cielo y sobre el mar; los tres que habitamos este “quinto piso con vistas al mar”, nos marchamos a dormir en ese “mar del sueño” que afortunadamente ya es tranquilo, sin pesadillas ni otras inquietudes que esperar a la mañana siguiente… “y decirle buenos días cuando de nuevo Helios aparece por el Este, puesto que ya el planeta Tierra completó su vuelta diaria”.
No… no se necesita mucho para “ser conforme”… puesto que eso otro de ser feliz, o sentirse poseedor de amor o ser amado en la intensidad en que quieren mostrarlo los bichos humanos (“ojo no confundir ello con el sexo, que es otra cosa”) yo me muestro totalmente desconocedor de tan sublimes sentires… pero eso sí, cada día estoy más conforme con haber vivido y seguir viviendo… espero recibir también y de igual forma el próximo veintiuno de junio del año que viene, que será el 2016 de nuestra era.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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